Ciencia

Un “error” evolutivo convirtió a los caballos en máquinas atléticas: ¿cómo pasó?

Su nivel de resistencia es brutal.

El equipo mexicano de hípica se retiró de la final de París 2024 por una lesión de Porthos Maestro, el caballo de Carlos Hank.
Un “error” evolutivo convirtió a los caballos en máquinas atléticas: ¿cómo pasó? El equipo mexicano de hípica se retiró de la final de París 2024 por una lesión de Porthos Maestro, el caballo de Carlos Hank. (Buda Mendes/Getty Images)

Los caballos no solo corren rápido. Son verdaderas bestias del rendimiento físico, capaces de procesar oxígeno a un ritmo que deja atrás incluso a los atletas humanos de élite. Y lo más increíble: todo esto podría haber comenzado con un “fallo” genético que, en vez de arruinarlos… los convirtió en supermáquinas de resistencia.

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Sí, a veces la evolución juega sus cartas con errores que terminan siendo brillantes.

El oxígeno como superpoder

Durante ejercicio intenso, un caballo de carrera puede procesar hasta 360 litros de oxígeno por minuto. Eso es más del doble que un humano ultraentrenado.¿Cómo es posible?

Un grupo de investigadores de las universidades de Vanderbilt y Johns Hopkins descubrió una respuesta inesperada: una mutación que debería ser dañina… no solo no hace daño, sino que mejora todo.

Un gen defectuoso… que no se detiene

Todo gira alrededor de un gen llamado KEAP1, que se encarga de detectar el estrés oxidativo (sí, el estrés que se genera cuando el cuerpo quema mucho oxígeno). En teoría, una mutación en este gen debería frenar su función. Pero en caballos, cebras y burros, esta mutación no detiene nada. Literalmente.

La maquinaria celular la ignora y sigue leyendo el gen como si nada. Como si alguien hubiera dicho “acá hay un alto”… y el sistema dijo: “nah, sigamos de largo”.

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Más energía, más protección, más velocidad

Este truco biológico hace que el cuerpo del caballo sea más sensible al estrés, pero en el buen sentido: responde más rápido y mejor, produciendo más antioxidantes que protegen las células mientras generan más energía.

En pruebas de laboratorio, las células musculares de caballo superaron ampliamente a las de ratón en consumo de oxígeno y resistencia a compuestos dañinos.O sea: más potencia y menos desgaste.Como tener un motor de Fórmula 1… con un sistema de enfriamiento automático integrado.

No fue suerte: fue evolución

Este “error funcional” no llegó solo. Los investigadores también encontraron otras mutaciones que ayudan a que la maquinaria celular interprete mal las señales de stop genéticas, pero solo cuando conviene. Y eso ocurrió en el ancestro común de caballos, cebras y burros hace unos 4 a 4.5 millones de años.

¿El contexto? La evolución hacia pastizales abiertos, más espacio para correr, y patas con un solo dedo (los cascos). Todo esto combinado hizo que los caballos pasaran de ser pequeños comedores de hojas a verdaderos velocistas naturales.

¿Y qué significa esto para nosotros?

Además de cambiar lo que sabíamos sobre biología equina, este descubrimiento podría tener implicaciones médicas.¿Por qué? Porque alrededor del 11% de las enfermedades genéticas humanas están causadas por errores similares: señales de stop que interrumpen genes importantes.

Si aprendemos a “leer más allá” como lo hacen las células de los caballos, podríamos abrir nuevas puertas para tratar estos trastornos.

Conclusión: cuando la evolución comete un error… que mejora todo

Lo que parecía un fallo genético terminó siendo una de las claves que hizo del caballo un atleta de élite. A veces, la evolución no necesita una solución perfecta desde el inicio. Solo necesita un pequeño cambio que, en el contexto adecuado, lo cambie todo.

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De los bosques a las pistas, los caballos corren gracias a un bug que terminó siendo una feature. Y eso, en biología, es casi poesía.

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